Saltar al contenido
La perla brillante

Conservación de las perlas

Las joyas de perlas como cualquier objeto que se precie, requieren de unas medidas de cuidado para evitar su deterioro. Se trata de artículos de valor y por lo tanto si sufren daños o desperfectos, nos va a doler en el alma que esa preciada gema no luzca como debería.

No olvidemos que las perlas están compuestas de nácar. Esta sustancia es de origen orgánico, y como tal, sufre un proceso de envejecimiento y desecación. Si no ponemos remedio, con el tiempo pueden perder su brillo, pueden aparecer grietas y finalmente van perdiendo capas.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es abalorios-de-perlas-1024x682.jpg

Con unos sencillos cuidados podemos prolongar la vida de la perla (unos 150-200 años) y evitar que pierda sus propiedades. Pese a todo, hay joyas de perlas muy antiguas que se conservan perfectamente. Todo depende el uso que les demos y de lo que las expongamos a diversos agentes nocivos.

¿Con qué sustancias debo evitar el contacto?

Con productos de limpieza que contengan amoniaco o cloro, ya que dañan el brillo natural. Si utilizamos jabón para limpiarlas, mejor un jabón de ph neutro y un cepillo de cerdas blandas, ya que las perlas se rallan con facilidad.

Evitar el contacto con productos ácidos como limón o vinagre, que atacan al carbonato cálcico presente en el nácar.

Mantener alejadas de lacas, desodorantes, lociones, colonias o productos de maquillaje. Si vas a utilizar alguna de estas sustancias, es preferible que lo hagas antes de vestir tus accesorios de perlas.

Por último evitar bañarse en piscinas con ellas. El agua de las piscinas generalmente está tratada con sustancias químicas o cloro para evitar la proliferación de microorganismos, lo que puede ser perjudicial para su mantenimiento.

Evitar ducharse o bañarse con las joyas puestas. A la hora de maquillarse, mejor hacerlo antes de ponerse las joyas.

Conservar y guardar las perlas

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es joyeros-1024x683.jpg

Es recomendable el uso de un estuche o de un joyero y que estén situadas en lugares con temperaturas templadas. Evitar colocar cerca de fuentes de calor como estufas, fogones, hornos, chimeneas… Mantenerlas preferiblemente alejadas de otros tipos de joyas, ya que el nácar es un material más blando que otros utilizados en joyería (como el diamante, por ejemplo), y así evitaremos ralladuras. Envolverlas en alguna gamuza de algodón o terciopelo y nunca dejar en compartimentos herméticos, pues necesitan algo de transpiración.

¿Cómo limpiar las perlas?

Si no sigues una serie de cuidados con tus artículos de perlas, pueden deteriorarse, lo que se conoce como “perder el oriente”. Lo que sucede es que pierden el brillo natural y adquieren tonalidades más apagadas. Si quieres que duren el mayor tiempo posible, vas a necesitar limpiarlas de vez en cuando.

Las grasas presentes en la piel o el sudor, también pueden perjudicar a las perlas (la acidez del sudor es variable), de modo que una vez nos las quitemos, podemos frotarlas suavemente con una gamuza humedecida.

Nosotros recomendamos aplicar ligeramente aceite de oliva. Esto lo puedes realizar cada varios años, no es necesario que se lo apliques a menudo.

La limpieza debe llevarse a cabo con cuidado, evitando poder romper esa preciada joya que tanto estimamos o incluso despegarla de su lugar de engarce. Ten cuidado al manipular los collares o colgantes, pues las cadenas son muy finas y delicadas, y en el caso de los collares, revisaremos si el hilo de seda que une las perlas se encuentra en buen estado. En caso de no estarlo por el desgaste del uso, podemos llevarlo a una joyería para que nos lo cambien.

En este vídeo, explican unos sencillos cuidados para la limpieza de las perlas:

Hidratación de las perlas

Como ya hemos dicho, el nácar es una sustancia orgánica procedente de un ser vivo, así que necesita de una correcta hidratación. Evitaremos de ese modo que se desequen excesivamente y que aparezcan las temidas grietas o que se descascarillen con el tiempo.

Evita fuentes de calor o de fríos muy elevados y mucho cuidado con los grandes cambios de temperatura.